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sábado, 18 de agosto de 2012

Aprender a implicarse

     La actitud de vincularse a otros, implicarse a favor de otros o "sentirme parte del esfuerzo compartido con otros a favor de otros o de todos" sería la manera más sencilla de explicar la palabra "compromiso". Esa es la base sensible de toda acción que realicemos a favor de los auténticos cambios que deben darse en el mundo. Sentir al lejano cercanamente, sentir al que sufre un hermano, implica un sentir que compromete.
     La pérdida de compromiso con nuestro entorno, o con caminos a favor de otros absolutamente distantes o desconocidos, no sólo significa una falta de protagonismo en nuestro mundo, sino un autoexilio ante los demás.
     [...]Dejar de sentir amor y solidaridad por los desconocidos limpia de impurezas el camino hecho para la competencia, para el dinero como eje vital, para la lucha asesina por los recursos...Pero, ¿cómo aprender a comprometerse?



     Empecemos por aprender de todo individuo que conozcamos, con lo de cultura, de historia o de individualidad que tiene por antecedentes. Esto, al convertirse en hábito de vida, habrá de facilitarnos el encuentro con otros, el encuentro que nos va ligando hacia otras realidades, lo cual debe ser fundamental en la práctica de las personas que trabajan en educación, en desarrollo o cooperación, en procesos psicosociales de diverso tipo.
     Basándonos en esto, ¿podríamos definir como cooperación, desarrollo o solidaridad, aquellas acciones o esfuerzos que no tienen como punto de partida el interés profundo y solidario por los otros? Parece lógica la respuesta, pero empieza a no ser tan inusual  descubrir que la solidaridad y la cooperación, cuando alcanzan dogmatismos institucionales, llegan a convertirse en prácticas basadas en el desconocimiento profundo e integral de aquellos a los que se pretende ayudar o servir. Sucede, entonces, que tal ayuda o servicio se convierte en un grave perjuicio para las comunidades o individuos que la reciben. Por lo tanto, el primer esfuerzo en el aprendizaje es la comprensión integral y plena del otro, algo que conlleva la comprensión integral del mundo y de lo humano.
     Los entendimientos locales terminan siendo localistas cuando no se fundamentan en comprensiones más plenas e integrales. [...] Aquí tocamos el segundo elemento de la educación hacia el compromiso: el que atañe a nuestro grupo, a nuestra institución. Eso significa que tenemos que empezar por "ser parte" de alguna expresión colectiva o comunitaria. Desde los aportes sencillos de un activismo de soporte o ayuda, hasta la participación en comités o expresiones de gobierno local. De aquí viene el salto a los compromisos nacionales e internacionales, que ya nos permiten comprender la lógica de los distintos niveles de compromiso.
     No importa el orden en estas propuestas. Lo fundamental es irnos sintiendo conectados, cercanos, haciendo pequeñas cosas de manera sostenida. No olvidemos que existen niveles distintos de compromiso, que pueden seguir cierta lógica o camino; pero también puede hacerse desde otras formas de caminarse.
 


     En la medida que el compromiso se profundiza, también se profundiza el significado de nuestra propia vida y se establece la dialéctica siguiente: el compromiso aporta significado a nuestra vida, y el significado de la vida nos hace comprometernos más y mejor.

La Revolución del Sentir, de Carlos Aldana Mendoza, ex Director de Intermón Oxfam en Guatemala.

2 comentarios:

  1. Estoy completamente de acuerdo y creo que es de vital importancia fomentar tanto la implicación como también el sentimiento de unidad basado en metas o intereses comunes.
    Estos son, sin más ni menos, los primeros pasos hacia el salto evolutivo definitivo que traiga consigo el final de los males sociales.

    Excelente trabajo el que estas haciendo, seguí así.
    Un abrazo

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    1. Es una satisfacción recibir el aliento que nos das...gracias...

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